Gracias a e-Dura, si todo va bien, muchos pacientes paralizados podrían recuperar la capacidad de volver a andar. La investigación avanza a una velocidad increíble, desentrañando misterios de la fisiología humana y prometiendo un futuro mejor.

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Un equipo internacional de científicos, liderados desde la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) en Suiza, ha creado un dispositivo flexible y elástico que se puede implantar en la médula espinal para estimularla, eléctrica y químicamente, sin causar fricción ni daño tisular. Lo han bautizado como ‘duramadre electrónica’ (e-Dura), según han explicado en la revista Science.

Cuando este implante se ha insertado en la médula de ratas paralíticas, los roedores han conseguido volver a caminar después de un periodo de entrenamiento. Los investigadores han confirmado que transcurridos dos meses no se detecta ningún rechazo, y calculan que el dispositivo podría funcionar hasta casi 10 años en un paciente humano.

Según los autores, el potencial de aplicación de los nuevos implantes es enorme, ya que también podría ayudar en los tratamientos de la epilepsia, la enfermedad de Parkinson y la terapia contra el dolor. El equipo tiene previsto realizar ensayos clínicos en seres humanos, y ya preparan el prototipo para su comercialización.

e-Dura, también en humanos

Por supuesto, ésta es la finalidad de la investigación: que las personas con lesiones y problemas medulares puedan volver a andar. Pero aunque el desarrollo de e-Dura está avanzando a una velocidad increíble, todavía quedan muchas barreras que superar. Es más, la fase clínica podría descartar por completo el tratamiento, por lo que todavía es pronto para cantar victoria. Aunque el modelo múrido, las ratas, es usado por su parecido fisiológico al ser humano, somos distintos. Pero los responsables de la investigación son muy positivos con el tema.

Mediante una medicación concreta e insertando el parche en la duramadre el implante resulta completamente funcional. Ahora, e-Dura ha sido diseñado sobre silicona flexible para adaptarse a los movimientos de la propia dura mater, de manera que se ajusta a la perfección. Un problema menos. Los microcanales de oro y los electrodos de platino permiten la conducción de la señal eléctrica. Por último, en el implante, unos microcanales, gracias al cóctel químico, segregan los neurotransmisores necesarios para “reavivar” el nervio y que el proceso sea natural.

Fuente: HIPERTEXTUAL