El Estado Islámico ingresa hasta 2,7 millones de euros al día por la venta ilegal de petróleo, que obtiene de los pozos que se encuentran en las zonas que ha conquistado en Siria e Irak.

La venta de petróleo, el gran negocio del EI

Irak es el segundo productor de petróleo del mundo después de Arabia Saudí y ahora los yihadistas controlan territorios clave de la industria petrolera en el norte. Desde esa zona, cortaron el suministro de crudo a Turquía a la vez que intentaban controlar las abundantes fuentes energéticas en el Kurdistán iraquí. La banda yihadista nunca se ha planteado destruir las fuentes de energía y petróleo que conquista militarmente, ya que forman parte de sus objetivos para el gran califato.

En los últimos meses, algunos de los campos petrolíferos han cambiado varias veces de manos entre los yihadistas y el Ejército de Irak –apoyado en este caso de forma permanente por la coalición internacional con ataques aéreos–. Aun así, el EI controla más de una decena de campos de petróleo y gas en las provincias sirias de Raqa y Deir Ezzor, así como algunas refinerías en Siria e Irak y el principal oleoducto que une Irak con Turquía. A finales del año pasado, los yihadistas tenían en su poder más del 50 por cien de las instalaciones petrolíferas de Siria, de donde extraían unos 50.000 barriles de crudo al día; además, según cálculos occidentales, en Irak estarían obteniendo otros 25.000 barriles. La organización terrorista distribuye tanto el petróleo como el combustible diesel a través de una sofisticada red de contrabando (la zona ha sido históricamente un refugio para este tipo de actividades).

El comercio de petróleo no está centralizado en el territorio del Estado Islámico, sino que cada grupo se financia conforme a los recursos y posibilidades que ofrece su zona de influencia.